Sueño: el mundo detrás del velo

Cerramos los ojos. Cambiamos el ritmo. Respiramos más y más profundo. Al inicio las imágenes son borrosas, sabemos aún que estamos soñando. De pronto todo parece más real que nunca. Algo en nosotros ha aceptado el juego, el sueño es la vida. El reverso se ha vuelto nuestro mundo. La pantalla es real. Las siluetas que se pasean sobre ella cobran vida. Por más que la razón nos advierta, algo nos hace volver al juego, creer la ilusión, confiar en las imágenes. Algo más antiguo, más oculto, se conecta con ese desfile de formas, y en un lenguaje secreto intercambia mensajes.


El origen del teatro de sombras se pierde entre las brumas de una historia que no consideró importante registrarlo en palabras, o que lo estimó demasiado precioso como para nombrarlo. Antes, mucho antes de las palabras, alguien en una desolada estepa, en una intricada selva, en una montaña fría, logró controlar el fuego. Se nos dice que entonces controlamos el calor, para no morir congelados, para transformar los alimentos. Pero se olvida que, junto al calor, el control del fuego era el control de la luz y, por lo tanto, de sus sombras.

En lo profundo de cavernas donde nos ocultamos del frío y los animales salvajes, primeros refugios improvisados, se encendieron las hogueras, los primeros círculos para contar historias de cacería, de grandes viajes, de presencias que poblaban el mundo de fuera. La contadora de historias acaso se levantó emocionada en un pasaje particularmente intenso, proyectando su sobra en las paredes. Seguramente entonces todos se levantaran en una danza improvisada alrededor del fuego, bailando juntos ellos y sus sombras. La realidad es que en las paredes de esas antiguas cavernas están dibujadas las sliuetas de animales, de hombres y mujeres que les persiguen en la cacería, de hombres y mujeres que se transforman en esos animales. Pero algo salta cuando los expertos de hoy recorren los dibujos de entonces. La misma silueta repetida, con la misma forma, separada por miles, decenas de miles, de años. ¿Había un modelo a seguir? ¿Una forma transmitida sin interrupción? La silueta, quizás, en madera o hueso, que representaba al animal que había que invocar, proyectada por la luz del fuego sobre el muro, y luego trazada de nuevo por una mano que repetía el gesto de sus ancestros por miles de años. Las pinturas de las cavernas como testimonio de un olvidado teatro de sombras.


Salir después de las cavernas a recorrer el mundo. Refugios portátiles. Tiendas de piel. En una noche fría de las estepas los fuegos pasan al interior de las tiendas. Las siluetas de sus habitantes se proyectan sobre los costados del refugio. Quizás cargan con las viejas siluetas de las cuevas. Quizás en el centro del campamento hay una tienda más grande. La de la gran sacerdotisa, la abuela de la tribu. Las paredes de la cueva son ahora los costados de su tienda. Las historias van cambiando conforme descubren nuevos paisajes, nuevos animales. Los sueños de su tribu cambian también. Nuevos miedos los acosan. Nuevos males los enferman. La abuela cuenta historias nuevas que pueden curar las almas. Las cuenta en la oscuridad. Usa más y más variadas formas. Ya no sólo talladas en madera o en hueso. La cacería trae más y más pieles. No todas se transforman en abrigos.

Alguien descubre que el agua donde cayeron las cenizas ayuda a quitarle los pelos a la piel. Alguien más se da cuenta que dejada al sol la piel se endurece, y raspada con piedras se vuelve casi transparente. ¿Buscaron entonces imitar a las hojas que dejan su cubierta y quedan en las líneas de su esqueleto? ¿Era ya la libélula un animal sagrado y sus alas transparentes simbolizaban algo más? Decenas de miles de años recorriendo los paisajes. Cargando con el fuego. Con las tiendas improvisadas. Descubriendo el uso de huesos, piedras, pieles, fibras. Alguien perfora una piel para pasar un cordel. Alguien repite esas perforaciones ahora como una decoración. Una noche esas decoraciones dejan pasar la luz. Nuevos dibujos decoran las sombras. Nace algo nuevo pero nadie sabe cómo describirlo. Se usará quizás en rituales secretos. En cuevas olvidadas. En la historia se registrarán las batallas, las fundaciones de ciudades, los imperios. Durante todavía muchos siglos el teatro de sombras, como los sueños, será algo brumoso que no podemos decir con exactitud si está o no está.